Antes que la vida miserable y perecedera están el dolor, la justicia y el ideal.
Cuando el diablo se mezcla en los asuntos humanos para arruinar una existencia o trastornar un Imperio, es muy extraño que no se halle inmediatamente a su alcance algún miserable al que no hay más que soplarle una palabra al oído para que se ponga seguidamente a la tarea.
No hay hombre más desdichado que el que nunca probó la adversidad.
Al desdichado las desgracias le buscan y le hallan, aunque se esconda en los últimos rincones de la tierra.