Los Dioses tienen tendencia a hacer exactamente el mismo tipo de cosas que harían los hombres si pudieran, sobre todo en los asuntos relativos a las ninfas acuáticas, las lluvias de oro y la exterminación de los enemigos.
Tu tendencia constante es la de dar forma poética a la realidad; los otros pretenden dar realidad a lo que se supone poético, a lo imaginativo, y así no resulta más que materias inexpresivas.