Toda acción política está encaminada a la conservación o al cambio. Cuando deseamos conservar tratamos de evitar el cambio hacia lo peor; cuando deseamos cambiar, tratamos de actualizar algo mejor. Toda acción política, pues, está dirigida por nuestro pensamiento sobre lo mejor y lo peor.
Nadie puede llevar a la otra vida sus riquezas superfluas; con éstas no es posible evitar la muerte, ni las enfermedades, ni la triste vejez.