Una de las ventajas de las buenas acciones es la de elevar el alma y disponerla a hacer otras mejores.
Siempre es grato elevar nuestro pensamiento a los días de la infancia, esa edad de ilusiones color de rosa, en que libres de toda zozobra sobre el mañana, creemos que el mundo no se extiende más allá de nuestros juguetes y del espacio que abarcan nuestros ojos.
No son las montañas que todavía tienes que escalar lo que te agota. Es la piedrita en el zapato.
Decís: Nos aborrece el trato con los niños. Tenéis razón. Decís: porque tenemos que rebajarnos a sus conceptos. Agacharnos, doblarnos, ajustarnos, encogernos. Os equivocáis. No es eso lo que nos cansa. Nos cansa que tengamos que escalar sus sentimientos. escalar, extender, ponernos de puntillas, estirarnos. Para no herir.