Pero en Piura era distinto. En Piura el sol tenía que atraer forzosamente sus miradas y hacerla pensar en él y sentirlo dentro de sí, porque el sol piurano penetra hasta en las cuencas de los ciegos. Es una obsesión.
En la vida, todo es amor. Si uno ama está vivo, si crea amor, las cosas buenas forzosamente llegan.