Largos goces iniciados, caricias no terminadas, como si aun no se supiera en qué lugar de los cuerpos el acariciar se acaba, y anduviéramos buscándolo, en lento encanto, sin ansia.
Apresuraos en hacer el bien; refrenad vuestra mente hacia el mal, ya que quien quiera que es lento en hacer el bien, se recrea en el mal