Hay que sanearse y educarse a sí mismo, para quedar libre de dos plagas igualmente abominables: la costumbre de obedecer y el deseo de mandar. Con almas de esclavos o de mandones, no se va sino a la esclavitud o a la tiranía.
La esclavitud es hija de tinieblas, un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción
El insulto, el presidio y la amenaza de muerte no pueden impedir que el utopista sueñe...