Contra la idea de nuestro siglo, la idea de la relativo, circunstancial y aleatorio, que va de James Joyce a Albert Einstein, aflora hoy un medievalismo de valores absolutos -como si hubiera de eso-, incontaminados, perfectos.
Toda mentira de importancia necesita un detalle circunstancial para ser creída.
La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla.
No es nada infrecuente que el interés por la verdad nos reduzca al silencio.