Lo que llamamos casualidad no es más que la ignorancia de las causas físicas.
Un hombre debe tener una cierta dosis de ignorancia inteligente para llegar a cualquier lugar, con pasos progresivos.
Bien vale la pena sufrir contratiempos y penalidades - en mi caso, desconocimiento de derecho legítimo y privación del goce de la Patria- si al cabo de ello, un buen día nos sale un rasgo de nobleza humana que nos restituya la fe que hayamos perdido.
El desconocimiento propio genera soberbia; pero el desconocimiento de Dios genera desesperación