Entonces se acabaría mi tranquilidad con la noticia de que mi hermano Ramón era uno de los jóvenes oficiales más activos en la conspiración contra el rey.
Sentimos todos que la calma que resplandecía como la luz del sol sobre el rostro y el cuerpo de la muerta, era sólo un símbolo terrenal de la tranquilidad de que disfrutaría durante toda la eternidad.