La pluma está en mi mano vacilante y medrosa, pero en mi corazón no florecen los versos.
Me vi abrumado de felicitaciones, bendiciones y abrazos. Yo lo recibí todo con manos temblorosas, labios fríos, cerebro vacilante y un corazón que se me había vuelto de piedra. Todo desfilaba ante mí como un sueño. Observaba aquel desfile sin pensar siquiera en quién iba a ser la víctima.
Nadie publica una palabra que no sea un robot cobarde saltando de una mentalidad depravada. El día de la publicación de la literatura verdadera del cuerpo de América será el día de la revolución.
Me han enseñado a creer que el Dios de los cristianos no era este servidor cobarde y ambiguo de la gente, sino el creador y defensor sin piedad de la verdad. Se conoce que esto me ha echado a perder. ¡Siempre he tomado a mis maestros tan en serio!