La idea de Dios es una idea primitiva. Simple, sencilla, infantil, hija del temor que engendra lo desconocido y de la ignorancia, que solo tiene ojos para ver las apariencias.
No ha habido ninguna generación anterior de hombres de Estado que haya tenido que dirigir los asuntos públicos en un ambiente tan desconocido y al borde del Armagedón