La sencillez hacia el exterior corresponde a los hombres ordinarios, como un vestido hecho a media para ellos, pero sirve como un adorno a los que han llenado su vida con grandes hechos: se podría comparar con un poco de belleza descuidadamente vestida y con ello todo el atractivo más.
La sencillez y claridad distinguen el lenguaje del hombre de bien.
Mi actitud honesta y segura me distingue como alguien que actúa con confianza en sí mismo. Además, siempre me planteo que puede ser ella, la que tengo delante, la mujer de mi vida. Eso hace que la naturalidad de mi interés sea más creíble. Siento de verdad y abro la puerta al romanticismo.
...la buena semilla da, al debido tiempo, su fruto, con naturalidad y sin violencia.