¿Cómo puede ser cobarde el hombre que saltó sobre un cañón en Gettysburg para animar a sus soldados? (...) Eso no es valentía dijo él con fatiga. El combate es algo como el champaña. Se sube a la cabeza de los cobardes tan rápidamente como a la de los héroes. Cualquier imbécil puede ser valiente en el campo de batalla, cuando ha de serlo o morir.
En toda revolución de tipo judío como es la de nuestra desventurada España, el primer cuidado de los conspiradores triunfantes, por inhibición de los demás es cumplir rápidamente el programa.