Lo que él no sabía es que las naciones nunca se apartan de los abismos, porque todavía se aferraba a sus ilusiones y seguía creyendo que una nación corrompida podía volver a ser pía y virtuosa sólo con que el pueblo lo quisiera. (...) La corrupción es irreversible cuando ha llegado a pudrir el alma de una nación.
Puede que la generación que vive hoy en la Tierra presencie el advenimiento de un irreversible período de paz en la historia de la civilización.