La revolución es una obra política. Es una realización concreta. Lejos de las muchedumbres que la hacen, nadie puede servirla eficaz y válidamente. La labor revolucionaria no puede ser aislada, individual, dispersa. Los intelectuales de verdadera filiación revolucionaria no tienen más remedio que aceptar un puesto en una acción colectiva.
Ya es una bendición, hoy, no estar formando parte de la larga lista de parados del mundo. La actitud positiva genera respuestas positivas, así es que éste es el camino. Uno se vuelve más creativo y es más eficaz en todo cuando no está enojado