Intencionadamente o no, se confunden siempre los jueces con la justicia y los curas con Dios. Así se acostumbran los hombres a desconfiar de la justicia y de Dios
Hoy en día, desconfiar del presidente es un deber moral, es un deber patriótico, de todo español decente, desconfiar de él, porque se ha ganado a pulso la desconfianza del pueblo español.