Cuando un niño comienza a sonreír, con una pequeña bifurcación de amargor y dulzura, las orillas de su sonrisa desembocan sin burlas en la anarquía del océano. Se siente mejor que nadie: juega a la gloria con los ángulos de la boca y ya cose la sutura irisada al conocimiento infinito de la realidad.
Cuando encuentres una bifurcación en el camino, tómala.
Siempre supe que era una estrella, ahora parece que el mundo está de acuerdo conmigo
Cada quien vive de una manera, y a mí me tocó de esa manera, una de tantas; y estuve desarrollándome, y aprendiendo, y viviendo. Estoy muy de acuerdo en ser lo que soy, en ser como soy; por lo tanto, estoy de acuerdo con lo que me trajo adonde estoy. Sé que no a toda la gente le ha servido el psicoanálisis. Para mí fue importantísimo. Me quitó esas lagañas y muchas otras.