Yo doy a los personajes un lugar preponderante entre todos los elementos que se conjugan en una novela. Unos personajes que vivan de verdad relegan, hasta diluir su importancia, la arquitectura novelesca, hacen del estilo un vehículo expositivo cuya existencia apenas se percibe y son suficientes para hacer verosímil el más absurdo de los argumentos.
Vi una película de terror, Baron Blood, que de verdad me asustó. Comparado con eso, ganarle a Foreman en Kinshasa fue sólo otro día en el gimnasio