En todos los ritos, la sencillez es la mayor extravagancia.
Al escribir esta obra, no he querido añadir nada en absoluto a la belleza de los Diálogos de Platón: no se trata más que de un acto de piedad, de una ensoñación de artista, de un humilde homenaje...La estética de esta obra se consagra a la claridad, la sencillez la acompaña, la dirige. Es todo. No he deseado otra cosa.
De todas las cosas despreciables que existen, la más despreciable es un hombre que aparece como sacerdote de Dios y es sacerdote de su propia comodidad y ambiciones.
Lo más importante, sin embargo, es el hecho de que nunca he trabajado por dinero. Me gusta la comodidad del dinero, pero nunca he trabajado por ello