Si discutieran la cabeza y el corazón, acabaría por decidir el corazón. La pobre cabeza cede siempre, porque es la más prudente
Un día, suavemente, con sus corteses modos, hizo el hombre la jaula para encerrarte allí, y ahora te contempla, apoyado de codos, sobre el hierro prudente que lo aparta de ti