Los galanes y los cortejos van a apostar con las señoras, y ofrecen una caja de guantes o un estuche de perfumes, en cambio de la pálida camelia que se marchita en los cabellos de la dama o del coqueto alfiler de oro que detiene los rizos en la nuca.
Un caballero ofendido por un comentario de Groucho: ¡Señor! ¡Esta dama es mi esposa! ¡Debería usted avergonzarse!. Groucho : Si esta dama es su esposa, es usted el que debería avergonzarse!