La fe vive del creyente y no a la inversa, por mucho que al creyente le guste creerlo así. De que eso sea así se encargan los pocos que realmente viven de la fe: más, desde luego, de la fe de los otros que de la propia, aunque esto sea algo en lo que justamente el creyente no cree
El hombre no es creyente porque silencia su capacidad de juicio y acepta aseveraciones extraordinarioas; acalla su capacidad de juicio porque ciertas aseveraciones extraordinarias le han resultado evidentes