Para el investigador es un buen ejercicio matinal deshacerse antes del desayuno de alguna hipótesis favorita. Así se conserva joven.
La esperanza es un buen desayuno pero una mala cena.
La multitud de clientes grita en tu honor tan inmenso bravo, Pomponio, porque tu cena es elocuente, no tú.
La cena fue hecha para comer, no para hablar.