La espiritualidad necesita ser cósmica, que nos permita vivir con reverencia el misterio de la existencia, con gratitud por el don de la vida y con humildad respecto al lugar que el ser humano ocupa en la naturaleza.
Perfecta es la humildad de aquel que nunca olvida que la luz viene de lo Alto y no de él, y que no viene solo para él, sino para toda sombra y toda pena