Si en época normal hay un adagio que dice que es preferible absolver a cien culpables a castigar a un inocente, cuando está en peligro la vida de un pueblo, es preferible condenar a cien inocentes antes que el culpable pueda ser absuelto.
El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente.